domingo, 26 de octubre de 2008

¿Reafiliación?


Advertía en la anterior entrada de mi discrepancia con algunas de las medidas planteadas en el manifiesto "Aprovechemos la oportunidad", a pesar de suscribirlo.

Una de las propuestas más llamativas, y que ya tiene cierto recorrido en el debate preasambleario, es la reafiliación obligatoria, que implica en la práctica una desafiliación general previa. Entiendo que se hace con la voluntad de afrontar problemas de censos enquistados desde hace muchos años -especialmente en determinadas federaciones-, pero no creo que vaya a servir para solucionarlos ni que nos conduzca a una mejor situación afiliativa.

Hace tiempo expliqué mi postura en el Foro alternativo de IU a través de una categorización simple pero ilustrativa sobre la afiliación de IU (y probablemente de cualquier otra organización), distinguiendo dos tipos básicos de afiliados, subdivididos a su vez en dos categorías:

1.- Quienes se afilian por propia voluntad y convicción. Entre ellos podemos distinguir:
1.a) Los militantes activos.
1.b) Los afiliados no activos.

2.- Quienes se afilian por voluntad de otros. Entre ellos podemos distinguir:
2.a) Los que no desequilibran el resultado de los procesos asamblearios, porque no es ésa su función. En este caso podemos encontrar seguramente a muchos familiares y amigos de otros militantes o dirigentes de IU.
2.b) Los que son utilizados para ganar cuotas de poder, a través de su voto en los procesos asamblearios o simplemente por el incremento del censo que producen.

Todos estaremos de acuerdo en que lo ideal sería tener el máximo número de militantes activos, pues eso fortalecería nuestra organización como movimiento político y social. Aún así, no podemos desconocer que hay otra forma legítima de afiliación, la de aquellos cuyo compromiso consiste básicamente en pagar la cuota y tal vez en ser interventores electorales y asistir a los actos de campaña, pero que no hacen vida orgánica, de la misma manera que pueden ser socios de Amnistía Internacional o de Greenpeace. Mi experiencia me dice que este tipo de afiliados no activos son mayoría en la organización, y pongo por ejemplo mi colectivo de base, en el que somos aproximadamente 60 al corriente de cuota y sólo acuden a las reuniones entre 20 y 25 personas.

También coincidiremos todos en que, del segundo tipo de afiliación, la más peligrosa es la que se utiliza por unos sectores u otros para condicionar el resultado de los procesos de decisión democráticos. Que se afilien la pareja o los hijos de un militante no creo que sea el verdadero problema. El problema se suscita cuando, por ejemplo, un concejal controla la afiliación de trabajadores del Ayuntamiento o de miembros de asociaciones subvencionadas desde su departamento, que sólo aparecen el día de la elección de delegados y no se les vuelve a ver hasta la próxima votación. Éste es el cáncer a extirpar de IU (y de cualquier otra organización que se pretenda democrática), aunque estoy convencido de que pasa (mucho) en pocos sitios.

Pues bien, considero que un proceso de desafiliación/reafiliación en las actuales circunstancias (crisis electoral y de proyecto) no evitaría la existencia de los afiliados fantasma (2.b), que volverían a ser reafiliados por el cacique de turno, ya que su motivación perviviría, mientras que podría dar como resultado una pérdida importante de afiliados reales pero no activos (1.b), que una vez fueran desafiliados no encontrarían (en estos momentos tan grises) motivación para reafiliarse, e incluso perderían su sentimiento de pertenencia a IU, algo positivo para cualquier organización.

Si el objetivo es conseguir activar a los afiliados pasivos, la peor fórmula es dejarlos fuera de la organización y pedirles que se vuelvan a afiliar. Eso exigiría una explicación que les desmotivaría aún más.

Si queremos acabar con los caciques y sus cacicadas, un procedimiento como el propuesto no creo que sirva, pues son quienes mejor manejan las fichas de afiliación. No alcanzo a comprender cómo se podría evitar la reafiliación de los "brazos de madera".

Me parece más acertado plantear la efectiva depuración de los censos y su control, para lo cual se podrían utilizar buena parte de las medidas propuestas en esta enmienda: afiliación individual y directa a IU; pago obligatorio de la cuota por domiciliación bancaria (con un máximo de dos familiares en la misma cuenta); sistema de contabilidad censal de doble llave (federal y de federación); y elección por mayoría cualificada de una Comisión Paritaria y Unitaria encargada de llevar a cabo la depuración de los censos.

Por eso me gustaría que en la Asamblea se transaccionase la enmienda o se desglosara en dos partes, y así yo votaría a favor de las medidas antes mencionadas y en contra de la desafiliación/reafiliación obligatoria.

Para que no sea peor el remedio que la enfermedad, no intentemos curar un resfriado con quimioterapia.

8 comentarios:

Iñaki dijo...

Estoy total y radicalmente de acuerdo

Alejandro dijo...

Me parece muy razonable lo que comentas. No se si en los casos de abuso de "afiliaciones de conveniencia" cabe la impugnación de los resultados pero en cualquier caso pienso que los afiliados de conveniencia son una lacra soportable en aras del respeto a la libre afiliación, siempre y cuando no haya delito por obtención de subvenciones o servicios públicos indebidos, en cuyo caso habría que denunciar al fiscal.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo y si vas de delegado a la asamblea te animo a que defiendas esta postura ante la misma.

Un saludo

Héctor

Kaneda dijo...

Yo tengo mis reservas con lo del "pago obligatorio por cuota bancaria" (ojo, que a mi tenerla domiciliada me gusta, me parece más cómodo):

Por un lado la ley de partidos no lo exige, sólo exige domiciliación de cara a desgravar en la declaración de cada uno en el IRPF -Ley Orgánica 8/2007, de 4 de julio-. Matizo ésto porque aquí se dijo a mucho camarada ya mayor de los que van religiosamente cada mes a pagar su cuota que tenía que domiciliarla porque lo mandaba la ley. Una vez matizado esto:

Que en una organización socialista establezcamos que la forma única y por tanto obligatoria de pagar la cuota es a través de ¡un banco! me chirría.

No sé, me jode que no se discurra otra forma de acreditar que se es afiliado que no sea el recibo bancario: el que ahora tiene afiliado a cuatro brazos de madera y pagaba por ellos los seguirá teniendo porque lo hacía con su consentimiento. Así que ahora simplemente les dirá que docimicilien su cuota en una cuenta que ya se lo reintegra él también bancariamente. Tiempo estimado en adaptar la trampa de siempre a los estatutos: 15 minutos.

Yo es que directamente no daría cuotas por número de afiliados, sino acorde al número de afiliados que están presentes en el momento de la asamblea. Habría que cambiar el sistema asambleario para adaptarlo a esta medida pero se podría hacer con facilidad. Me parece lo más justo.

Lo de la domiciliación bancaria obligatoria por un lado me plantea una cuestión moral y por otro me parece que no evita los brazos de madera de siempre.

Salud.

felix dijo...

Yo tampoco estoy de acuerdo ni en la domiciliación bancaria ni en el proceso de reafiliación.

Saludos.

Ignacio Blanco dijo...

Kaneda, seguro que muchos de los mayores que se resisten a pagar por banco lo hacen por CCOO. Creo que no es ése un obstáculo insalvable. Cierto que la domiciliación no evita brazos de madera, pero es más controlable y garantiza al menos la voluntariedad de la afiliación (con la intención que sea).

En cuanto a que el censo corresponda con los participantes reales en cada Asamblea (una idea que también propuso Navascués en un texto reciente), me parece lo más justo pero también lo más falseable. Ya no bastaría ni afiliar gente, simplemente habría que mentir al redactar el acta. ¿Qué impediría que en un colectivo donde todos son del mismo palo dijeran que habían ido 50 en lugar de 10, y así conseguir cinco veces más representación? No se pueden enviar interventores a todos los rincones.

hugo dijo...

Me alegro de discrepar por una vez contigo. Creo que mi discrepancia se basa en el diagnóstico del enfermo: "no intentemos curar un resfriado con quimioterapia". Yo creo que el asunto de los censos es un cáncer brutal que genera la casi imposibilidad de democratizar IU (se nota que soy madrileño, por otra parte). A muchos madrileños (supongo que sucederá lo mismo en varias asambleas distintas) nos parecen pocas todas las medidas que se tomen para limpiar censos y por eso somos entusiastas del proceso de reafiliación.
La gente que no acudiera al proceso de reafiliación puede ser estupenda, pero no forman parte del conjunto de personas que sacará IU adelante: en una situación normal su baja del censo sería una desgracia a evitar, pero en la actual situación creo que es mucho mejor ese resfriado que el cáncer actual.
Por otra parte un proceso de reafiliación garantiza la readmisión de todos los expulsados, que es algo de lo que nadie habla, pero es una de las benditas consecuencias de un proceso así.

Ignacio Blanco dijo...

Hugo: Cuando me refería a "determinados territorios", pensaba en Madrid, por todo lo que he leído y escuchado que pasa allí. Aún así, sigo sin entender cómo podría el proceso de reafiliación evitarlo, máxime si son prácticas que lleva la propia dirección. ¿O cada ficha de reafiliación va a tener que pasar por la Comisión Federal de censos, citando a los interesados a un interrogatorio? Sigo sin verlo.

Y, de todos modos, hay que pensar en toda IU, no sólo en Madrid. Aunque os cueste creerlo, estoy convencido de que hay muchas federaciones donde las irregularidades son mínimas, y por tanto no son un problema, mientras que perder a la mitad de la militancia sí que lo sería.

En cuanto a los expulsados, su afiliación (o readmisión) no requiere un proceso de desafiliación (y reafiliación) general. Puede y debe hacerse de cualquier modo.

En fin, un gusto discrepar contigo. Saludos.