sábado, 11 de octubre de 2008

¿Hay alguien ahí?

Hace ya medio año que comencé este blog. Desde entonces he publicado 50 entradas, muchas más de las que hubiera imaginado en un principio.

En este tiempo han cambiado algunas cosas. En lo personal, nació mi segundo hijo, lo que me complica más aún encontrar tiempo para todo. Compaginar la familia, el curro, los amigos y la militancia –real y virtual- es realmente difícil, y lo que escribo -deprisa y corriendo- en este blog se lo debo a la mucha paciencia de mi compañera (“¡Ya estás otra vez al ordenador …!”).

Poco a poco han aumentado mis lectores, que sin embargo no se prodigan en comentarios. Entendiendo que algo falla de mi parte –no sé si los temas tratados o el tono empleado-, he decidido ponérselo un poco más fácil eliminando el filtro previo a sus mensajes.

Cuando configuré el blog de manera autodidacta –y bien que se nota-, opté por la moderación previa de los comentarios para evitar que se colara también aquí la refriega política que hemos vivido los últimos dos años en el País Valenciano. No quería que este espacio se convirtiera en otro patio de colegio en el que nos peleáramos los de Esquerra Unida con los del Bloc o Iniciativa, y por eso apenas he escrito una entrada sobre el tema (que dio lugar al único comentario censurado, pues no emitía ningún tipo de opinión o análisis, sino tan sólo insultos y descalificaciones).

Finalmente he decidido eliminar ese filtro. Así que ya podéis empezar a escribir, quiero comprobar que hay alguien al otro lado.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Revival: la banca pública

Hay cosas de tanto sentido común que a uno le cuesta entender que no se digan más veces, más altas y más claras. Esa es la sensación que he tenido siempre respecto a uno de los elementos a mi juicio más necesarios para una política económica de izquierdas: la banca pública.

Ni soy un especialista en la materia ni mi memoria histórica alcanza a los tiempos previos a las privatizaciones del conglomerado empresarial -industrial y financiero- del estado español. Sin embargo, siempre me ha llamado la atención la ausencia de una reivindicación potente de instrumentos públicos de crédito. Han sido mucho más frecuentes las críticas a las privatizaciones de los monopolios estatales del transporte, correos, telefonía, siderurgia o construcción naval, por ejemplo. Por supuesto, comparto dichos planteamientos por las múltiples consideraciones que los motivan: la preservación de un sector económico al margen de la lógica del beneficio privado, la defensa del empleo estable y con derechos, la universalidad y equidad del servicio público, la seguridad de las personas, etc. Pero mucho más acuciante me ha parecido siempre el problema de la banca.

En primer lugar, por su importancia. El acceso al crédito se ha convertido en estos tiempos en condición casi indispensable para hacer efectivo un derecho constitucional tan básico como el acceso a la vivienda. Una persona puede vivir sin viajar o sin móvil, pero no sin una casa digna de tal nombre. Y, por irracional que pueda parecernos, la mayoría de trabajadores y trabajadoras sigue optando por la propiedad inmobiliaria a través del endeudamiento hipotecario ¡en qué condiciones y a qué precios! Hay que reconocer también la importancia de la financiación bancaria para la puesta en marcha de pequeñas y medianas empresas, incluidas las de iniciativa social.

En segundo término, por las consecuencias de discriminación y exclusión que la lógica del mercado impone en el sistema financiero. En otros sectores privatizados y liberalizados, el papel del Estado como instancia de control y regulación, aunque no nos satisfaga, puede procurar unos mínimos aceptables para la mayoría social. Al final, con mayor o menor dificultad, el currante se las apaña para pagar el recibo de la luz y del teléfono. Pero no sucede lo mismo con las hipotecas, como se está comprobando estos días en mi pueblo.

Y no es sólo que los bancos den muchas veces con la puerta en las narices a las personas de menores y más inseguros ingresos -precisamente las que más ayuda financiera necesitan-, sino que siguen estrictamente una regla de regresividad directa: a mayor solvencia, mejor trato. Así, si tienes mucha pasta o un buen empleo fijo puedes negociar un tipo de interés preferencial, por el contrario, si eres pobre y precario -y no digamos inmigrante- ¡chúpate el euribor +1'25%!

Hasta ahora hablar de banca pública les sonaba a muchos "decimonónico". Ni siquiera los programas de IU eran muy explícitos a ese respecto. En la época de los tipos de interés bajos, parecía haber barra libre crediticia para todos -aunque no para todos por igual-. Con la crisis esto empieza a cambiar. En pocos días han vuelto a plantear la banca pública -no para los bancos sino para sus víctimas- desde Gaspar Llamazares al economista Juan Torres, pasando por mi compañero Miguel Ángel Martín.

Veo que no estoy solo en el deseo. Tengo compañeros con quienes reivindicar una banca pública con criterios sociales y no empresariales. Ahora necesito algún maestro que me saque de la ignorancia sobre lo más importante: cómo hacerlo y que funcione.

domingo, 5 de octubre de 2008

Gaspar Llamazares es el pasado

Gaspar Llamazares tenía dos opciones para una salida digna después del monumental fracaso electoral de las generales: 1) asumir su responsabilidad –no la única, pero sí la principal- y presentar la dimisión en los días siguientes al 9 de marzo, dando paso provisionalmente a una comisión gestora; 2) seguir en el cargo de coordinador hasta rendir cuentas en la Asamblea por la gestión de los últimos cuatro años.

Gaspar Llamazares no ha tenido la suficiente dignidad para hacer ni una cosa ni la otra. Después de mantenerse para intentar apuntalar la posición de los suyos, al ver como se resquebrajada la mayoría que le sustentó y sabiendo que podía recibir un voto de castigo en el informe de gestión, ha decidido escurrir el bulto a pocas semanas de la Asamblea.

Entiendo a quien pide que no hagamos ahora leña del árbol caído, pero como militante de IU creo tener el derecho de despedirlo haciendo en pocas líneas, y en este blog personal, un balance de su etapa como coordinador (porque el escaño no lo suelta).

Voté a Gaspar Llamazares en dos asambleas federales porque me sentía identificado con su discurso. Decía cosas muy razonables y daba una buena imagen hacia el exterior, ambas virtudes de las que estábamos necesitados. Y aunque eso no haya cambiado mucho, no creo que pueda apuntársele en el balance positivo de su gestión. Porque las buenas palabras no se han correspondido con los hechos que nos han conducido al desastre como organización. Y porque su cara de chico bueno –y la de malote del otro- no ha servido para proyectar a IU sino que ha sido utilizada por los medios –y por el propio staff de Gaspar- contra la otra parte de IU. El País y Público lo echarán de menos.

Con el paso del tiempo, Gaspar Llamazares será recordado como el coordinador que llevó a IU a la ruina electoral más absoluta: un único diputado, él mismo. Me parece injusto, pues no tengo la convicción de que otro en su lugar hubiera cosechado mejor resultado. Para mi, Llamazares será siempre el coordinador que forzó la aplicación de los estatutos para ser reelegido en 2004 y no convocó la siguiente Asamblea a su debido tiempo, manteniendo la intención de presentarse a pesar de haber llegado al límite de mandatos establecido. El portavoz parlamentario que votó reiteradamente en contra del programa electoral, anteponiendo las peticiones de Rubalcaba a las directrices del Consejo Político Federal. El político que cuidó su ego hasta el punto de personalizar toda la imagen pública de IU –lo que llegó al paroxismo con Super Gaspi en la última campaña-, y cuyos cortesanos promovieron hacia él un culto a la personalidad sorprendente para quienes percibíamos lo limitado de su carisma. Y, sobre todo, será para mi el dirigente que se creyó César, y jaleado por otros tribunos, intentó pasar por encima de toda legalidad democrática para imponer su voluntad en lo que consideraba(n) sus dominios. Sólo que esta vez Astérix y Obelix eran valencianos y no pudo conquistar la Galia.

Aunque los sufridos militantes del País Valenciano no lo olvidaremos fácilmente, Gaspar Llamazares es el pasado, no el futuro de IU. Afortunadamente.

sábado, 4 de octubre de 2008

Som d'esquerres, som d'Esquerra Unida

Ése es el título del manifiesto firmado por quienes promovemos Àgora de l'Esquerra Plural, un espacio web para el debate y la reflexión desde la izquierda alternativa. Hoy lo publica el diario Levante.

Ésta es la versión en castellano:

Somos de izquierdas, somos de Esquerra Unida

Tras los últimos resultados electorales nuestra organización se encuentra en una situación crítica. No es un caso único; la izquierda alternativa en general está en retroceso en nuestro entorno europeo, justo en un momento en que la crisis económica amenaza el bienestar de los trabajadores y trabajadoras y las políticas neoconservadoras suponen un peligro para la convivencia democrática y especialmente para los grupos más vulnerables de la sociedad, inmigrantes, parados y personas sin recursos. Es la gran paradoja: la izquierda está más endeble que nunca, pero nunca la izquierda había sido tan necesaria.

Es precisamente en esta difícil situación cuando más hay que reforzar Esquerra Unida del País Valencià e Izquierda Unida, referentes reales de la izquierda política aquí y ahora. Debemos ser muy críticos y autocríticos con los errores y las insuficiencias del proyecto, pero siempre que a continuación nos pongamos a trabajar para mejorarlo. Ese es nuestro compromiso y no otro.

Somos de Esquerra Unida, entendiendo nuestra militancia como un compromiso activo con la organización pero sobre todo con la sociedad. Queremos contribuir a construir una alternativa política, económica, social y cultural, y al mismo tiempo dar alternativas concretas para los problemas reales que se nos plantean cada día.

Somos plurales y defendemos la pluralidad de Esquerra Unida como una realidad incuestionable, a pesar de la imagen distorsionada presentada a menudo en los medios de comunicación. Si dentro de un mismo partido hay diferencias de criterio grupales e individuales, más aún en una organización vocacionalmente plural como EUPV, lo cual debe conjugarse con la unidad en el respeto a las decisiones tomadas democráticamente y en la defensa del programa elaborado de manera participativa.

Reconocemos y respetamos la identidad, la historia y la contribución al proyecto común de todos los componentes organizados que forman parte de Esquerra Unida. Reivindicamos todas las sensibilidades de la izquierda, desde la verdaderamente socialdemócrata hasta la más alternativa, pasando por el ecologismo, el feminismo y el republicanismo. No se trata de superponer los colores – el rojo, el verde, el morado...- sino de fusionarlos con toda su intensidad.

Somos federalistas porque somos internacionalistas. Estimamos nuestras señas de identidad históricas y culturales, hablamos nuestra lengua y reivindicamos una autonomía política que nos permita avanzar con cohesión social; pero nuestro proyecto no entiende de fronteras, y por eso trabajamos codo a codo con compañeros y compañeras de otros territorios en el marco de IU y del Partido de la Izquierda Europea, teniendo muy presentes las luchas emancipatorias en América Latina y en todas las partes del mundo.

Defendemos una EUPV con perfil propio, flexible en las formas y capaz de entenderse con otros pero firme en sus posiciones políticas. Debemos aprender de los aciertos y de los errores del pasado, y actualizar nuestro propósito fundacional de convergencia de la izquierda, dando cabida a personas, grupos y organizaciones que no optan por la afiliación partidista pero que pueden hacer sus aportaciones en un ámbito más abierto.

Creemos en la transformación social como objetivo a largo y a corto plazo. Nuestro horizonte es una sociedad diferente que no se rija por los designios del mercado sino por los valores de igualdad y justicia social, pero queremos aprovechar cada paso del camino para ir construyendo transformaciones concretas desde los ámbitos de acción institucional o social en los que podemos intervenir. Con el socialismo en la cabeza y los pies en la tierra.

No somos una novedad. Llevamos años trabajando dentro y fuera de EUPV en todas las causas de la izquierda social. Ahora ponemos en marcha Àgora de l'Esquerra Plural (www.agoraplural.org) como un espacio para el debate y la reflexión teórica, con el objetivo de mejorar nuestra capacidad de intervención real.

Estamos en un momento decisivo. El reto es refundar la izquierda alternativa en el País Valenciano y en el estado español. Animamos a todas las personas de izquierdas a sumarse a nosotros, aportando cada una su sensibilidad, su criterio y su trabajo.

País Valencià, octubre de 2008

jueves, 2 de octubre de 2008

Sábado intenso

Muchos de mis compañeros y compañeras de Esquerra Unida estarán el sábado en el mitin-fiesta del PCE en Madrid. Salen dos autobuses de Valencia, uno de Alicante y quizás otro más desde el Sur del País Valenciano, a lo que hay que sumar la gente que piensa hacer el viaje en coche. Espero que sea un éxito que compense la suspensión de la histórica fiesta del PCE, que volverá en la primavera.

Exactamente el mismo día, los "independientes" de Esquerra Unida presentamos Àgora de l'Esquerra Plural, un espacio web para contribuir al debate y la reflexión sobre la izquierda alternativa. Es una iniciativa modesta pero en la que hemos puesto mucha ilusión la docena de personas que la hemos promovido, y que está teniendo una buena acogida entre nuestra gente. El sábado pondremos en marcha la página (que en estos momentos sólo tiene la invitación al acto), gracias al denodado esfuerzo de Carles, incansable a pesar de su enfermedad y de lo pesado que soy al teléfono.

Para quien no sea del País Valenciano y desconozca la realidad de EUPV, la pregunta es obvia: ¿Qué somos los "independientes"?

Vaya por delante aclarar que no somos (ni vamos a ser) una corriente formalizada, organizada y estructurada como las que legítimamente se han constituido en IU y en EUPV. Por muchas razones que si alguien quiere explico.

Podríamos definirnos como una "sensibilidad" semi-organizada, que no pretende ganar cuotas de poder pero sí hacer su aportación colectiva al trabajo político en EUPV. Es decir, nuestro objetivo nunca ha sido (ni va a ser) encuadrar el máximo número de militantes para ganar representatividad y así acceder a mayores responsabilidades, cargos públicos o puestos de liberación. Eso es lo que hacía Esquerra i País (hoy IPV): competir con el PCPV por dominar la organización. Nosotros no pretendemos eso ni mucho menos, aunque en los últimos tiempos y por circunstancias varias le haya correspondido a dos "independientes" (Glòria Marcos y Ricardo Sixto) ocupar los puestos de máxima responsabilidad (coordinación y secretaría de organización), que dejarán cuando se celebre la Asamblea de EUPV dentro de pocos meses.

Por los números que conozco, y me puedo equivocar, pero no mucho, la militancia de EUPV que también tiene carnet del PCE ronda el 50%. Esto ni es bueno ni es malo, es simplemente una diferencia sustancial con la realidad de otras federaciones de IU, en las que incluso los llamazaristas más conspicuos están afiliados al Partido aunque discrepen de su política o se enfrenten a la misma. Aquí desde los años 90 la pluralidad ha sido mayor (recordemos que Nova Esquerra fue mayoría de gobierno en EUPV hasta casi el minuto antes de la escisión).

¿Quiere decir eso que los "independientes" somos otro 50%? Ni muchísimo menos. Ya he dicho que nuestro objetivo y nuestra práctica nunca ha sido encuadrar a la gente sólo por el hecho de no tener el carnet del PCE. Cuando hablamos de "independientes" nos referimos a lo que alguien llamó una vez "independientes organizados", puesto que hay muchos militantes de EUPV sin adscripción a ningún partido, corriente ni sensibilidad siquiera. Esto ha sido y seguirá siendo así.

Ahora bien, los "independientes" como grupo hemos aportado a EUPV todo nuestro esfuerzo individual canalizado colectivamente, y queremos seguir haciéndolo. Creemos que es bueno para la organización, porque refuerza su carácter plural y unitario. Es un análisis que comparten con nosotros el resto de componentes organizados de Esquerra Unida: en estos momentos, el Partit Comunista del País Valencià (PCPV), el Espai Alternatiu (EA) y la recién creada corriente Nacionalistes d'Esquerres (Nd'E). Todos ellos están invitados y asistirán al acto del sábado día 4, aunque Marga no podrá venir personalmente por la imprevista coincidencia con el mitin-fiesta del PCE, y en su lugar un camarada leerá un escrito suyo.

¿Por qué montamos ahora este acto y una web? Las razones son de dos tipos. Por un lado, la propia herramienta nos parece una buena aportación al debate constructivo en el seno de EUPV y (ojalá) un poco más allá de sus márgenes. Ya contaré en otro momento lo que pretendemos hacer en la web, pero no es nada excesivamente ambicioso. Por otro lado, esto coincide con un momento de cambio de ciclo político y orgánico, y los "independientes" estamos presentando también un relevo generacional que tiene a su vez efectos sobre nuestra manera de (semi)organizarnos.

Seguiré informando durante los próximos días.

martes, 30 de septiembre de 2008

Presentación de ÀGORA DE L'ESQUERRA PLURAL


Companyes, companys, amigues, amics:

Un grup de militants d'EUPV hem posat en marxa Àgora de l'Esquerra Plural, un espai web de reflexió i debat per a l'esquerra, que presentarem el proper dissabte 4 d'octubre, a les 12 hores, a Ca Revolta (València). Després farem un dinar per al que necessitem confirmació d'assistència.

Ja podeu accedir a http://www.agoraplural.org/ i trobareu la invitació.

Us esperem.




Compañeras, compañeros, amigas, amigos:

Un grupo de militantes de EUPV hemos puesto en marxa Àgora de l'Esquerra Plural, un espacio web de reflexión y debate para la izquierda, que presentaremos el próximo sábado 4 de octubre, a las 12 horas, en Ca Revolta (Valencia). Después haremos una comida para la que necesitamos confirmación de asistencia.

Ya podéis acceder a http://www.agoraplural.org/ y encontraréis la invitación.

Os esperamos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Allende y Mandela *

Este pasado verano han coincidido dos conmemoraciones de significado simbolismo para la izquierda mundial: el 90º cumpleaños de Nelson Mandela y el centenario del nacimiento de Salvador Allende.

Ambos han sido recordados en los medios de comunicación de masas de una manera parcial y, por supuesto, interesada. En el caso de Mandela, cuya figura ha cobrado una dimensión planetaria como “abuelito” venerado por todo tipo de personajes públicos, desde jefes de estado hasta futbolistas o modelos, entre unos y otros, deliberada o inconscientemente, han rebajado su perfil político e ideológico, caracterizándolo sólo como la magnánima víctima de un encarcelamiento injusto, una suerte de Morgan Freeman en “Cadena Perpetua”. Por ello se hace tanta insistencia en el símbolo de su paso por prisión, el número 46664 que le acompañó en Robben Island durante 27 años, pero se olvida cualquier arista de su personalidad y de su trayectoria que no sea digerible por el pensamiento dominante o que ponga en tela de juicio la actuación de los gobiernos que ahora le colman de premios pero antes quedaron pasivos ante la ignominia del régimen racista sudafricano.

Hay que recordarlo. Mandela fue un luchador contra el apartheid que militó en el Congreso Nacional Africano, considerado “terrorista” en los Estados Unidos hasta el 26 de junio de este mismo año. Y no es sólo el Mandela de antes de la cárcel el que evitan recordar los medios, también pasan de puntillas por su etapa de presidente de Sudáfrica que unió a todo su pueblo en una reconciliación sin amnesia, con una “Comisión de la Verdad” como la que nunca se pudo poner en marcha en España después del franquismo. Ya septuagenario y convertido en un mito viviente de la paz entre blancos y negros, celebrado y reconocido por todos, Nelson Mandela no dejó de ser contundente en sus posicionamientos públicos. Recuerdo perfectamente una comparecencia de prensa conjunta con Bill Clinton, entonces presidente y comandante en jefe de los Estados Unidos de América, en la que Mandela no tuvo reparo en defender la revolución cubana y denunciar el bloqueo norteamericano.

Por su parte, Salvador Allende encuentra el merecido reconocimiento como presidente democrático de Chile derrocado por un golpe militar –alentado y financiado por el gobierno de Estados Unidos- hace ahora 35 años. Y, efectivamente, Allende fue un demócrata profundo, que se empeñó en respetar y hacer respetar los procedimientos constitucionales, pero no fue ésa la razón –la sinrazón- del bombardeo del Palacio de la Moneda en que perdió honorablemente la vida. Si los poderes económicos, el estamento militar y el imperialismo se unieron para acabar con su gobierno fue por el proyecto revolucionario que no sólo proclamó sino que puso en marcha desde su victoria como candidato de la Unidad Popular en septiembre de 1970.

Allende era un socialista auténtico, comprometido con las luchas antiimperialistas en todo el mundo, desde Cuba a Vietnam, que tenía claro que “no hay socialismo sin área de propiedad social”. Consecuentemente, nacionalizó la banca y las grandes empresas multinacionales del cobre, el salitre y la electricidad, profundizó la reforma agraria y terminó con el latifundio, y estimuló la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas para poner el aparato productivo de Chile al servicio de su pueblo, y acabar con un subdesarrollo económico, social y cultural. Es este componente anticapitalista de la “vía chilena al socialismo” –como Allende no se cansaba de repetir, “en democracia, pluralismo y libertad”-, el que le hizo acreedor del odio de clase de quienes vieron amenazados sus privilegios y conspiraron desde el primer día para derrocarle, el que queda difuminado en muchos de los homenajes que se le rinden hoy en día. (Ver reivindicando a Allende a políticos que han votado a favor de la Directiva de retorno de inmigrantes en el Parlamento Europeo produce indignación y vergüenza ajena a partes iguales.)

Tenemos desde la izquierda la obligación y el derecho de reivindicar la memoria de ambos personajes históricos, pero sin almíbares, con toda su dimensión política, para que nos sirvan de referencia en nuestras luchas de hoy. Siendo hombres excepcionales y con un criterio personal inflluyente, Allende y Mandela mantuvieron siempre un sentido de disciplina militante hacia sus organizaciones –el Partido Socialista Chileno y el Congreso Nacional Africano-, conscientes de que su fuerza estaba en la fortaleza de los movimientos populares que lideraban. En el contexto de la Guerra Fría ambos fueron acusados permanentemente de comunistas y, aún no siéndolo, no renegaron de sus compañeros de lucha sino reivindicaron con firmeza su alianza con el Partido Comunista (en palabras de Mandela, “el único grupo político de Sudáfrica dispuesto a tratar a los africanos como seres humanos e iguales”). Allende y Mandela no sólo quisieron dejar testimonio de su oposición a un sistema opresor e injusto, sino que se implicaron en la transformación real y concreta de su país con el objetivo de acabar con la pobreza y el subdesarrollo, y con el más innoble de los regímenes políticos, el apartheid. Gobernaron, en suma.

Hoy quienes aspiramos a un cambio social tenemos que seguir su ejemplo de militancia, unidad y compromiso, sabiendo que la realidad sobre la que actuamos no es ni el Chile de los 70 ni la Sudáfrica del apartheid, sino un capitalismo globalizado que genera beneficios astronómicos para unos pocos –en unos pocos países- asentado sobre la explotación de la pobreza de la mayoría.

Salvador Allende y Nelson Mandela, mártires a su pesar, son dos de los “mitos laicos” de la izquierda cuyo ejemplo hemos de recordar para mantener la capacidad crítica y el compromiso militante frente al pensamiento único, el anticomunismo teledirigido y el sectarismo de salón. Como ellos, hemos de ser conscientes de nuestro papel en la historia para no rendirnos al conformismo y seguir intentando “abrir, más temprano que tarde, las grandes alamedas por las que pasará el hombre para construir una sociedad mejor”.



* Este texto, en una versión reducida por motivos de edición, ha sido publicado hoy como artículo de opinión en el diario Levante.